Con las correas bien cortas

-Bueno… ¿Cuando volverás? -Le dijo sin mirarlo, ocultando su evidente disconformidad.

-No lo sé… tal vez pronto, tal vez me tome un tiempo … quizás sea mejor no saberlo. No quiero mantener una promesa, ni una presión que condicione mi distancia. -Contestó mientras encendía un cigarrillo.

-Puede que yo también cambie… y me dé a la libre deposición de saberte perdido… así sin ataduras podré elegir lo que el mar me regale, o me dé a caminar sin buscar nada, quizás así  llegue lo correcto. Yo, yo no voy a esperarte. Cuando regreses, si es que tienes ganas, te pido que antes de entrar golpees la puerta, por si acaso me encuentro en un mundo que me necesita y que tal vez elija para siempre como te elegí a ti… pero esta vez, juro no equivocarme de nuevo… replicó ella.

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-No entiendo, me dijiste que era tu último amor, tu última elección, que me permitirías ser libre y entonces …¿Que pasó? El hizo unos pasos para alcanzarla… pero una fuerza de razón lo detuvo.

-¿Pasó…? Pasó que me di cuenta que no eres imprescindible, ahora ve por tu vida…  Entra y sale de cualquier vida, pero no de la mia. Yo siento, tengo vida y, ¿Sabes? ¡Mi vida siente dolor! Y no quiero hacerle daño… ya no… por lo tanto, ¿Quieres experimentar después de haberte casado? Muy bien, por ti, no por mi. Pues creía eso de unidos en matrimonio, en las buenas y en las malas, etc, etc.  ¡Ah! Eso de la pobreza y enfermedad… y que se yo y que sé cuanto. Pues bien… déjame las llaves sobre la mesada, y toma esto, no me hacen falta recordarte con objetos.- Colocó el anillo de casados entre las manos de su amado. Le dio un beso en la frente y le dijo con una leve sonrisa.

-¡Buena suerte!

-¿Donde vas?-Le preguntó en un tono de quien sigue atado a la condición y no a lo que terminaba de expresar. Ella lo miró mientras recogía la llave de su automóvil y alzando su bolso se dirigió a él.

-Voy por un café bien expreso de libertad muy lejos de un papanatas bueno para nada.

By Calú Carz

Con el corazón

¿Cómo no sentirme frustrada? ¿Cómo no pedir ayuda? ¿Cómo no exponerse ante mi problema… que, no es bélica, pero puedo curar un corazón de trece años?

Huí del riesgo de morir o desaparecer. Huí de una masacre empeñada en pisotear todos mis pequeños huertos. Hice un corte. Y del otro lado quedó mi corazón. Aunque sanada pero con cicatrices volví por él, y el egoísmo me volvió a golpear a costa de lágrimas tiernas. Ahora. Que ya no pueden con su tristeza y lágrimas, me llama el egoísmo para entregarme una  dulce vida, casi sin esperanzas de volverme a ver.  Y…, mis brazos aún están vacíos.

-¡Oh Mundo! dijo Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; tocad, y se os abrirá”.

-¿Porque no pedir si de mi depente acabar con esa tristeza de su alma, que no calla ni cesa, que mi tormento dejó a la deriva y en el que nunca dejé de sufrirle?

Las campanas suenan mas seguido, y con ellas se acrecienta mi incertidumbre. Mas el vil dinero no llega y la distancia parece infinita.

Me siento desangrar, me siento cansada… mi corazón y mi mente juegan con mis nervios que ya, no son de acero. Mas golpeo y golpeo las puertas y no consigo un alma que me tienda aunque mas no sea una mirada de compasión.

Él. Él es un tierno y dulce niño… que la vida me dio a pesar que llegó como un golpe de puño a mi dignidad. Aún así, lo amé con todas mis fuerzas… y hoy, hoy clama por mi.

Mas pido con el corazón en la mano poder ir  por él, por mi, pues juré hacerlo, como sea, como me salga… a costa de toda mi existencia. No quiero ni pensar. No, no quiero que por no hacer nada, vuele con alas de ángel; más aún cuando no le encuentre el sentido a su frágil  vida, por su inexperiencia y turbulenta edad, donde todo es contradicción y aprendizaje como tambien definición y corale por ése miedo es  que hoy me atrevo a contarles.

Calú Carz

Metamorfosis

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Se hizo la noche…esperando sonara el móvil que, como un trofeo miraba de vez en cuando. Dejé el parlante libre y permitirme escucharlo timbrar sin atenderlo, por si acaso me llamaba. Hubiera querido eso.  Me hice fuerte, de roble, todo el día para no ser yo quien quiebre el orgullo, inventando una excusa. Esas excusas que van vestidas de “no te creo”, que en mí son tan malas actrices y no venden lo que son, ni merecen tener ése nombre.

Me hice un café, lavé los platos… acomodé la alacena… hasta limpié la heladera, y, odio limpiar la heladera, pues se congelan las puntas de los dedos y duelen tanto. El reloj ahí, muy campante corría las agujas de las horas, minutos, segundos…hasta descubrí que el segundero hace vaivén en el número veinte. Mis suspiros frecuentes querían suplicaban por algo, un poco, de lógica. Eran minutos de exámen, mi exámen interior, lo peor de ese exàmen es que era de improviso. Pero fui fuerte.

Ya de noche, los autos hacían reflejos en los vidrios de la sala. Hacía frío, la niebla espesa ya cubría el caserío mas próximo. Me dispuse a darme una ducha. Puse mi agonía sobre el botiquín del baño. Fué entonces que desperté del sueño, un sueño que pocas llegamos a tenerlo y a razonarlo, que es lo más mágico, lógico y sano para una mujer, darse el valor que le correponde, somos las ultimas en la fila de las prioridades amorosas. Me dieron unas ganas de reír… y reí. Me reí de mi. Me reí pensando la escena desde fuera de mi, yo pensando en ti, ¿y tu? Tu seguramente ni me recuerdas, por que asi trabaja la mente de un hombre. Borra y vuelve a empezar sobre lo tibio. Nosotras no, o por lo manos la mayoría, mejor dicho las de mi especie… las románticas sin cura.

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Entonces una fuerza interna de mi, actuó con desapego, libertad, reviviendo mi amor propio, un poco revolucionando. Apagué el móvil. Ya me había desvestido, caminé hasta el dormitorio sintiéndome despojada de ataduras, descalza; pude sentir el frío del piso, y mis cabellos en mis hombros relajándome la espalda. Abrí el cajón de la mesita de luz…y lo dejé ahí. Lo miré diciendo -No eres mas importante que yo, si no te importo ¿Porqué habría de hacerlo yo?- Y cerré con un golpe ese cajón, liberándome así de tu olvido e hipocresía.

Luego en la ducha, entre la lluvia…disimuladamente, caía una débil gota salada, perdiéndose entre las otras; que, diría el orgullo, es la oveja negra que atraviesa mis mejillas…

By Calú Carz

Estos sentidos sin sentimientos

Es así, me encuentran estas fiestas con un derroche de sentidos bloqueando mi garganta.

-¡Vaya… !-Pensé que no me importaban, pero se formó una cascada.

Estoy viviendo un sueño, o quizás sea una pesadilla. Miro mi entorno y es tan distinto que extraño no llorar de angustia.

Veo que en vez de tormentas eléctricas tengo nieve, en vez de asado y empanadas, tengo lazaña y espumante italiano. Pesa y duele. Pero ya estoy aqui, ya pasó. Dicen que no hay que llorar sobre la leche derramada, que peor es nada, que mas vale arriesgarse que quedarse…etc, etc. Siempre fuí de arriesgarme a todo, de intentar ser otra, de buscar la salida… es porque soy un tanto soñadora que en vez de usar la realidad uso la ilusión.

-¿Leen lo que digo? “Uso la ilusión…”

-De ilusión también se vive… pero se come y no llena-Decía mi abuela.

Tambien, ayer, en la cena de vigilia di Natale aprendí que es eso; una cena. No una fiesta desenfrenada. He vivido equivocada o la costumbre argentina esta errada. Y mucho.

Este año le he pasado muy feo, muy sola y muy cambiante. Dudando que un mortal me ame. De algo estoy segura: Dios me ama,  también un guapo italiano y repite como un rezo un “te amo” para lograr convencerme de ello. Menos mal que me lo reza.

Como ven, tengo una cascada de sentidos sin sentimientos, que me estrujan y me duele. Una máquina que no para  y son éstas fiestas que me daban la sensación de que tenía una familia que ( desde que murió mi padre hace un poco mas de un año) creía tener o creyendo vivía.

Descubrí que me gusta el invierno, a pesar que no duermo si tengo frío en los pies. Que me dá fiaca si debo salir a enfrentarme al primer rayo del sol derritiendo la escarcha del  aquel pino. Pero cuando siento ese  aire fresco en mi cara…-¡Ah, me gusta tanto!-, como beber agua en una tarde de verano, como dormir despues de un desvelo, como saber que aún hay tiempo.

De algo no me quejo; de sentime tan llena de sentidos, que me hace saber que mi vida siente, equivocada o no; con sabores amargos, dulces y agrios, de victorias y derrotas; de luchas sin miedo, con miedo; mas solitaria que acompañada. Incomprendida aún con un libro de razón y que aún así, entendí que a la única que le debe importar lo que llevo dentro, soy yo.

By Calú Carz

Minúsculo perfume

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Corre fresco mi asombro, cuando por la esquina percibo tu aroma.

Me azota el recuerdo de tu sonrisa, de todo lo que en mí significa.

Camino entre la gente, no sé donde va mi pena y me desploma.

Todo resplandece y se esfuma con una  fuerza que crucifica.

Emerjo en un sueño bebiendo gota a gota la esencia que asoma.

Tal vez para reguardar tu recuerdo en este instante que me toma…

By Calú Carz

El encuentro

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Cuando pienso en la causa de mi tristeza, ya no caen lágrimas. Es como mirarla sentada a mi lado observando un mismo sentido, a un mismo nivel. Y es que me cuesta acostumbrarme a verla ahí, pero quizás ya no hay remedio.

Luché mucho, mucho. Hasta que dejé de jalar la cuerda de mis sueños, de mis metas, de mis afectos. Pero quedan secuelas, las que quedaron en lo profundo de mi alma y emergen en despertares agitados y sudorosos, llenos de desesperación e impotencia.Temo y me contengo, no se cómo; tal vez hasta creo que me miento  que todo estará bien para no dejar de creer que aun puedo y tengo tiempo…

Un día corté por lo sano pero sacrifiqué mitad del corazón. Esa mitad me hace sentir que estoy vacía o -¿Debo mirar la otra mitad?- No puedo. La otra mitad es mi vida, yo soy solo un cuerpo con la vida que dejó al pendiente.

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Ahora estoy mas serena.

Me admiro el desapego que se creó por aquello, por algunos.

Salí del filo del abismo. Rompí cadenas, inventé una salida.

Dejé un entorno tóxico que pisoteaban mi existencia del modo mas ruin, tan cercano, tan mío que gozaban mis lágrimas y también mis desaciertos.

Fue tanto, de alguna manera demasiado.

Hoy sano heridas y busco un anhelado  encuentro de mi cuerpo y con su propia vida…

 

De invierno

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En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

-Rubén Darío

“Frijolito”

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De mil amores me has conquistado

Del modo compacto que te he encontrado

Con la indiferencia de quien te ha votado

Deambulan e ignoran tu pesada vil suerte

Por ser un estorbo, al portal de la muerte

Es lo que no entiendo y tanto me impacta

En noventa gramos para ser  mas exacta

Aun tus pulmones con silbidos aclaman

¡Que alguien ayude a un peludo que no aman!

Oigo lejano tu perruno aliento

Buscando, percibiendo -Capaz es el viento

Camino unos pasos, te escucho difuso

Desespero mas ¡Le escucho confuso!

Cual  bolsa minúscula, un ruin envoltorio

Tal sorpresa me lleva a mi exclamatorio

En mis pies te encuentro inmóvil, tendido

¡Más que fuerza de vida has tenido!

Me colma de impotencia y  grande ternura

– ¡Oh! ¡Pobrecillo!  Cachorro ¡Que lindura!

Que somos de raza mediocre, ¡Dá pena!

Apenas socorro tu prisión de condena

Mueves tu pequeño e inquieto rabito

lamiendo mi mano, al fin angelito

Aqui estoy ya contigo,  por siempre bigote

No temas dulzura,  chiquito-grandote

Apuesto el amor  que tu madre te guarda

Lo siente sus pechos ¿Porque tanto tardas?

Aunque así, no temas, invento tu calma

Que ya el nombre  inspira para ti mi alma

leoncillo de “Frijolito” por tu alegría inocente y calma.

By Calù Carz

Inspiración real de Frijolito que aún extraño y amo.

Una cana al aire

El timbre de casa suena imprevistamente. Nina entra sin hablar y queda estática frente a mí. Temblorosa, aturdida y agitada, no pronuncia una palabra.

-¿Que pasò? ¿Qué es lo que tienes… sucedió algo? -le pregunté preocupada.

Nina tenía cuatro niños; dos niñas y dos niños. Su vida era complicada, pues la situación económica hacía difícil la crianza de sus hijos. Su marido trabajaba mientras el sol duraba y hasta un poco mas. Aún así, la característica de tener poco (y nada) es  tener hijos sin saber o sabiendo que de igual modo crecen, con la cruda realidad que a veces se tiene y otras veces no.  Nina se había casado enamorada, muy joven y estaba muy dispuesta a tener un hermoso hogar. Y dentro de la humildad, sentía orgullo de su pequeño reinado. Luchaba cada día, aunque no se conformaba con esa suerte. Pero, ¿cómo hacer cambiar a lo que le tocó?

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Su marido Ted, tenía un temperamento felino. Altanero orgulloso de la nada, le gustaba presumir la belleza de su mujer. (En si, ser macho es dar hijos, no así mantenerlos; es una cultura sudamericana que tal vez sea imposible de cambiar) No se puede negar que el moreno tenía su facha, figura esbelta y de musculatura trabajada por el arduo labor diario. Los sábados era de quedarse con sus amigos a beber cervezas aún cuando Nina pudiera necesitar su ayuda. Los domingos, cómo un acto religioso, fútbol, vinos y mas vinos en casa de sus compañeros. De vuelta a casa fermentado en alcohol, solo a dormir y comenzar el lunes con su rutina habitual.

Nina se había acostumbrado a esos avatares, lo soportaba por creerlos como un premio que pudiese darse su marido por trabajar tanto. Ella sola, se acomodaba como podía con una magra dádiva del sueldo, cuidando él, por supuesto, que quedase para los encuentros con amigos. Todo eso comenzaba a molestar a la joven, ya no podía dejar pasar por alto, y comenzó a hacerle notar a Ted su disconformidad.

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Fueron muchas lágrimas en soledad, fue mucha bronca acumulada que  empezaron a emerger de su ser. Ted se portaba indiferente, eran “lagrimas de cocodrilos” -le decía,  no de importancia. Para Nina algo no cerraba, olía mal y, parecía alucinar sobre como fué que cambiaron las cosas, para ello tenía tiempo de sobra para pensar y recapitular desde ese “si, quiero”.

Hoy a la tarde Ted no había podido salir. Por esas cosas de la vida en que crees que es la hora, y todos los astros del mundo ayudan para revelarse, para aclarar… o simplemente para hacer honor a la frase  “las mentiras tienen patas cortas”. Hoy fué uno de ésos días.

Después del almuerzo dominguero y de hacer la sobremesa discutiendo temas que no parecía tener solución; Nina se dispone a ordenar y lavar los platos mirando por la ventana sus tesoros que corretean a Yhash un perrito callejero  por el jardín. Cuando vuelve al comedor por la botella de vino, un sonido le despierta curiosidad en la mesita del televisor. Imagina que tal vez sea el celular de su hijo mayor que lo pondría a cargar… pero no. Es el celular de Ted.

Es una llamada. Lo desconecta mientras camina hacia el dormitorio buscando a su marido que yacía profundamente dormido. Se aproxima llamándolo:

-¿Ted..? -Le habló casi susurrando, inmediatamente él  contesta entre dormido levantando la voz, pues no le gustaba ser interrumpido en el descanso, le había hecho saber alguna vez-.

-¡¡¡Déjame en paz pelotuda…!!! -Y ella, aunque estaba acostumbrada a ese trato tan indigno, se retiró sin mas palabras llevándose el aparato consigo. Nunca se le había cruzado por la mente hasta ese momento mirar el celular, pensaba que sería faltar a la confianza de su marido pero se trataba de una llamada. Dió un vistazo, el remitente estaba con un nombre de contacto algo llamativo y muy perturbador para ella.

Decía: -“Tiene una llamada perdida de Una Cana al Aire” -.

Nina se sentó y puso el celular en medio de la mesa, lo miraba como un oscuro abismo, una incógnita, un presentimiento se hizo presente y no le daba tregua.

– No…Naaa ¡No puede ser…! -Otra vez pensaba. Un nudo en la garganta la ahogaba. Camina a la cocina y bebe presurosa un sorbo de agua como para matar esa absurda idea de su mente. Vuelve tomándose la cabeza, de un lado a otro recorre el largo de la sala pronunciando sílaba por sílaba para darle un significado que le deje sin dudas a ese nombre “Una Cana al Aire”.

De un zarpazo lo toma entre sus manos diciéndose: -¡¡No me puedo quedar con esta duda!! y se encierra en el baño bajo llave.

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Mira el contacto ya tenía varios llamados del mismo en horarios similares, mientras se rompía en mil pedazos la confianza de una mujer, madre y amante legal. En sus ojos, ventana del alma, empezaban a lamentarse y entender una realidad que le gritaba a su sordo corazón enamorado. Gotas gruesas atravesaban su mejilla, mojando sus labios rabiosos y sus dedos temblorosos. Busca los mensajes entre ellos dos, solo había uno que daba a entender que se trataba de una mujer.

Este mensaje decía: “Necesito más dinero, te estamos esperando… hoy cumple un año tu hija…”  y no pudo seguir, Nina dejó caer el celular al inodoro y su vida con conyugal con él.

Por Calu Carz

Como mermelada

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Acuno a mi niña en mis brazos y escudo,

le miro sus ojos tan tiernos, tan puros.

 Juro en silencio ser su briosa  guardiana,

aún cuando mis huesos entumecidos

no cumplan su real cometido.

 A fuego grabé tal promesa,

meciéndote ojerosa en mil noches sin horas

aun así tu sonrisa diurna, fué  diamante de mi recompensa.

Hay quienes miran quejosos mi escena, no saben lo real de mis penas

Mis pasos seguros se alzan, aunque el tiempo me haga la guerra.

Llevo dulcemente esta carga, tan cubierta de amor infinito.

Puedo ver que te falten zapatos o a la moda un hermoso vestido.

Yo te dí desde mi vientre mi niña, un castillo cubierto de rosas.

  Más tu inocencia ahora no vea, te guardo entre piedras preciosas,

 es mi único legado de mi alma, que puedo ofrecerte orgullosa.

Cuando apoyes tu rostro en mi pecho y  sientas en mi lo que late,

  mi niña no te alarmes, es el motor que tu vida alimenta.

Por Calu Carz

Dedicado a mi hija Selena