La mano de papá

Mi padre era un hombre robusto y fuerte. Gustaba colgarnos de su brazo mientras mostraba su músculo diciendo 《soy fuerte…grrrr… grrrr》. Nos turnabamos con mi hermana llenas de risas y alegría. Era mi héroe. Esos héroes anónimos, esos que llegan a casa cansados con las manos llenas de callos, ésos con olor a mezclas de contrucción. Esos que ves en medio de la gente sucios de polvos de ladrillos y el cabello blanco de cal. Ese era mi papá.

Al amanecer, casi sin luz hacía sonar el mate y un pedazo de pan, era su desayuno. Ponía en una bolsita otro pedazo para el almuezo, un trozo de queso y una botella de agua. Sentía el crujir de la puerta cada vez que partía cuando al grito en la calle -¡camioneta! y se apresuraba a salir. Así todos los días, mientras duraba la obra.

A la tarde, regresaba saludando primero al Chirola, nuestro perro, quien lo esperaba en la vereda de casa. Su cola decía que ya estaba pronto a llegar.

-¿Aquién viste Chirola? le decía…-me miraba y su cola entusiasmada contagiaba de curiosidad a nosotras que jugabamos a la casita en medio del jardín.

-Ahí viene el papaaaá… Papii, papiiii…papiiii – gritabamos al verlo llegar. Papà sonreía orgulloso arriba de la camioneta. Y corríamos a abrazarlo y a sostenerle la bolsa, lo acompañabamos hasta la silla para sacarle las botas una cada una. Mientras contaba las anécdotas del arduo trajinar.

Era sentir ese olor de papà… ése que sentíamos llenas de amor al llegar. Esa àspera caricia en mi nariz… ésa era la mano de papá.

By Calú Carz

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La vieja moto

En una moto vieja fui a ver un empleo. Deambulando revisando cada número y calle, me metí en un barrio que nunca antes habia visitado. Era lindo. Casas grandes, jardines parquizados, arboles verdes llenos de enredaderas. Este pintoresco lugar se situaba en la falda de una montaña, y una cascada pasaba debajo de una de sus calles me llenaron de asombro.

Ya mi moto hacia fatiga en subir y bajar sus calles decidí dejarla en un taller donde le dije a su dueño:

-Señor…dejo la moto un momento aquí, debo ir mas adelante, ¿puedo? Me miro ligeramente mientras atornillaba otra moto y dijo:

-Si claro… al voltearme y ver su dejo, me pareció un poco extraño pero, <será asi> pensé caminado hacia la calle, podia ver que habia una fila de motos y a todas le faltaba algo; una rueda, un manubrio, el guardabarro… pero pensé nuevamente <tiene mucho trabajo> . Ya en la calle angosta, sin margen para el peatòn, caminaba admirando el singular barrio. De pronto vi una casa. Llena de jóvenes, motos y música. Reían y hablaban a viva vos, me parecían que era un grupo de malvivientes. ¿Como salgo de aqui?-dije. Cambie de mano de la calle y pasé casi sin que me vieran. Ya a unas cuadras note que estaba errada, que no podia encontrar el número y era el fin de la calle. En todo esto busque la agenda entre mis cosas para controlar la dirección. Solo una letra era la diferencia: Talone y no Talune… lo cierto es que tuve que regresar por lo mismo.

Ya no pase por la calle sobre la cascada. Lo hice por una calluela paralella, enripiada. Debía cruzar las mojadas piedras y entre el arcoiris que el torrente daba… era bello. De pronto dije: -Me sacaré un foto. Cuando meto la mano en mi bolsa de lona blanca, de frente estaba la casa donde estaban reunidos los jóvenes. Sin levantar mirada desistí de mi intención de autosacarme una foto.

-¿Que hago? Seguramente me quitaran mi bolso. Escondi mi tablet en mis ropas y prosegui a caminar. -Les diré un saludo amable, para que no me vean como presa.

Caminado mirando el lugar menos a ellos, doy un vistazo fugaz, mientras levanto la mano les dije;

-Hola chicos! ¡¿Como están?! Algunos me contestaron. Escuché murmullos y uno gritó:

-¡Eres hemosa! Habia escuchado que los chicos en manadas son poderosos y marcan territorio pero, solos, son unos gatitos. Asenti con mi mano izquierda, la otra apretaba la tablet para no dejarla caer y me apresuraba en caminar. Uff…pasó.

Ya mas adelante me dije: -Regreso a casa, no encuentro nada. Ademas ya me cansé de caminar.

Subo hasta la calle principal y me encuentro con una amiga, su marido y a su hija quinceañera.

-¡Hola Anaaa! ¿cómo estás?, Dándole un beso a cada uno. -¿Todo bien?

-¿Que haces aqui? -Me respondió.

-Vine por un empleo que vi en el diario… -Conversabamos caminado en la misma dirección.

De pronto sentí un frio en mi parte baja de atrás. -¡Dios! Se me bajó el pantalón, ah! Cierto tengo un remeron largo no verá nada. Ojalá no lo note su marido que viene detràs. De pronto siento que mi pantalón desciende màs.

-¡Ayyyy…!! -Me dije avergonzada.

-Te iba a decir yo…-dijo el marido de mi amiga. -¡Estabas con el culo al aire!Me dijo sin medir palabras. Haciéndome la disimulada del horror que sentía le conteste en forma natural y de un tono tranquilo:

-Si, creí que no se notaba, menos mal que tenía calzón… -Tratando de disimular el penoso suceso que no paraba de generar risotadas.

-¿Y dónde dejaste tu moto…?-prosiguió Ana, para entenderme y cortar las carcajadas.

-Mas adelante, eso creo…o ¿es mas atrás? Ahora que lo pienso no logro recordar el taller de motos -conteste asustada.

-Ten cuidado, por aqui hay un taller de motos que le sacan las partes y las venden. Muchas son robadas. Dijo el marido de Ana.

-¡Rayos!…ojalá te equivoques. Le dije mientras nos separabamos de rumbo.

Ya cerca donde supuestamente deje mi moto, no podía recordar exactamente dónde. Iba y volvìa tratando de recordar datos de donde la había dejado. De pronto recorde la casa, pero no habian motos. Es esta dije.

-Señor, vengo por mi moto, no la veo -Le recriminé preocupada.

-No sé señora… Y sin mas se dió la vuelta y entró al taller.

-¿Cómo que no sabe?… ¡la dejé aqui! ¡Y si no aparece voy a llamar a mi primo que es comisario general verá usted que tendrá problemas! Le grité mientras en mi pensamiento giraba en que mi primo no me habia visto desde mis cinco años, y que, <oh! casualidad> mi madre recientemente me contó que habia sido comisario general. Lo peor, ya comenzaba a anochecer. Ante esta seguridad mia, el hombre dijo:

-Señora, no, no haga eso, no quiero tener problemas. Nunca las tuve.

-Sergio… dale la moto a la señora -Mientra señalaba otro escondite la pude ver apenas, pero ya estaba sin el asiento.

-¡¿¡¿Queeeee…!?!?¡Le falta el asiento y quién sabe que otras cosas más! Le exclame exaltada. El hombre dijo:

-No se preocupe nos equivocamos, ahora ponemos todo. Se apresuraban en solucionar el problema ante la “prima del comisario general”. Ya a oscuras y en la calle, arreglaban la moto, cuando el hombre me dice:

-Ya está… -Dijo mirándome con las llaves en mano, sucio de aceite sus ropas, barbudo…y a la luz de calle. Escuché al otro hombre decir <Dale un susto y deja de joder> Ignore todo naturalmente, pero mis piernas me temblaban. Cuando me asomo veo que en vez del asiento era un rectángulo de lata. Y otra vez mi ira hace su descargo.

-¡¿Cómo es posible?!, falta el asiento aún, así no puedo hacer nada! Le pedí que me la viera diez minutos … ahora llamo a mi primo.

Obvio no tenía su teléfono pero me hice de marcar números igualmente. Y en mi completo discurso digno de un Oscar hice mi monólogo.

-Hola primo ¿cómo estas?, Disculpas millones, se que estas trabajando en la investigación de la mayor mafia de contrabando de armas… pero me sucedió algo increíble y necesito que vengas a socorrerme… ah, bueno…ok, ok…, si,ok aqui?…. < y dije mas o menos la dirección por datos> sii…. de pronto el hombre me interrumple:

– Señora… por favor, su moto ya esta lista… ya le pusimos mas nafta … esta lista.

Haciéndome de pedir disculpas a mi primo para un taxi y dice:

-Hola Conty..¿todo bien? ¿Necesitas algo? Al decirle estaba todo bien se retira, y a ellos les digo:

-Era mandado por mi primo el comisario general… -Los hombres se apresuran en hacer andar la moto…

-!!Mamá…maaaa…maaaaa….Mamá, maaaa !!!Despierta…. Maaaa!

-¡¿Queeeè?! Me asustastee…. estaba por subir a la moto.

-¿Que moto? Estas en la cama aún y no tenés moto. Cerrá la puerta me voy a jugar a la pelota.

By Calú Carz

Camino a casa

Uno no sabe decir si viene o va, el hecho puede ser tan complejo. Corría un sudor sobre mi frente. Estática frente a el, peor aún que no me atrevía a mirale a los ojos, pero sin querer mi vista estaba en el cinturon, que decir que era peor si pensaba que yo le estaría interesada en ver sus partes. Subitamente mi pensamiento hizo el milagro de elevar mi rostro hacia el suyo. Tenía una sonrisa maravillosa, sus dientes de un blanco perfecto. Sus ojos tan claros como las aguas del mar Ionio calabrese. Cuando escuche su voz mi corazón aumentó su latir ¿Por que? -me dije. Mi respiración era un torrente de exceso de oxígeno que hacia que mi cerebro shockeara a tal punto de no entender su pregunta. Lo habia visto muchas veces, lo miraba sin que nadie se diera cuenta; alguna veces en el reflejo de la ventanilla del tren, otras con mis gafas negras y no recuerdo como otros modos mas. Pero nunca me sorprendió mirándolo menos como atontada, para mi hubiera sido fatal.

No era de ser el galán, ni de ser popular. Era simple, audaz en injusticias de otros. Tal vez como Clark de Superman. No lo sé. El hecho que nunca mediamos palabras pero sí sabía de él, no por investigarlo, sino por ver su accionar evidente ante sus allegados.

Soy una chica, que por mas que sea en estos tiempos, anormal, me gusta las buenas actitudes de otros frente a la vida y su entorno. Como dice mi amiga Sue -No te llegó la hora del amor- Puede ser. Quería que sea el ideal, no solo porque me guste como lo hacen otras chicas sino que te sorprenda como persona. Y él estaba llenando el curriculum, era perfecto para mi, pero no estaba preparada para estar tan cerca de él aún, estaba bajo conocimiento primordial de mi corazón inexperimentado.

No se que pasó peró quedé en deshora para entregar un libro prestado a mi profesora, que por cierto tardaba tanto. Ya era hora de tornar a casa, en un abrir y cerrar de ojos alguien me toma del brazo y giro. El libro cae. Y cuando veo quien lo recoge y lentamente sube de estatura hasta parar en un metro ochenta, me pareció que era mas, no pude reaccionar. Era él. Era “la hora del amor” según Sue. Sus manos, tan varoniles, sostenian el libro. El libro era afortunado. De pronto una voz estelar, eso parecía, era la profesora que venia por su libro.

-Ah.. mi libro. Joe que haces aqui?- dijo la profesora que nos miraba a ambos.

– Vine a pedirle su libro no pude encontrar otro. Sera que pueda prestármelo?

-Claro, pórtalo. En tanto mañana necesito que ambos tengan una presentación del tema. Podrias Carmela?

-Yo? Claro!! Sí puedo, tendríamos que trabajarlo esta tarde… aunque ya tengo casi completo solo falta pasarlo a limpio.- dije sin que se me note mi asombro y se podría decir suerte.

-Entonces?- dijo él esperando saber donde seria la encuentro de estudio.

-Te parece en la biblioteca?

-Optimo, sí, esta bien..

Despues de ese acuerdo que parecía ser de la ONU, nos dispersamos saludandonos timidamente. Ya mi suspiros hacian de salvatage del corazón.

-Estoy enamorada, – dije en voz baja -es mi hora del amor. Lo leí en sus ojos tambien!

Y nunca fué tan embelezada mi camino a casa, parecía que pisaba nubes…

By Calú Carz

Un amor desenamorado

Puede que sea brusco, puede que este errada.

Pero en algún punto se separaron las aguas y te fuiste rumbo al mar y yo al sembradío.

Todo era perfecto, hasta que dejaste de mirarme y yo,  yo me cansé de esperarte.

Vacío quedó un lugar, hueco, oscuro y frío… no tiene sentido lo que guarda a solas.

PORTICI-DI-CARTA-PER-SANT-JORDI-

Ya sin ti, ya no imploro…busco contentarme con lo que soy, con lo que quedó de ella dejándote volar, vagar libre por donde quieras.

Déjame llorar ¡Desahoga mi alma! Baña los trastos rotos que dejó el pasado bello.

Quiero juntar pedazos convertirlos en libro donde guardaré tus rosas de momentos felices.

Hasta que sea finito el dolor que me anida, y dejar por hecho que nada es para siempre.

Nada.

 

By Calú Carz

Cambio de hábitos

De nuevo me encontré sola. Diria sola en un mundo de gente. Esa sensación de tener familia, amigos, conocidos, vecinos, compañeros de algo…pero sentirme sola. Rodeada de gente mirando el celular,  interesándose por alguién que está lejos que quizás no conocen personalmente y a la vez no preguntan nada a quien está al lado, nada… ni “¿cómo estas?”.

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Quizás esperaba aprender pertenecer a esta nueva generación navegadora de redes. Y, no logro entenderla lo suficiente.  Me gustaría que haya algo como un contador de emociones y te dé tiempo a pensar lo que escribes en ves de escribir lo que no sientes y pulsar sin tiempo a nada. Esa sensación de escribir una carta… (que tiempos aquellos) volverla a leer, rehacerla… estrujarlos y hacer del cesto de papeles una practica de boley… y al fin, escribías las palabras justas, con una pizca de sutilezas de todo, una pizca de amor, de odio, de desinterés, de necesidad, de idolatría, de elegancia, sarcasmo, y algo de esperanza y optimismo.

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Luego te pintabas los labios lo sellaba al final…pero siempre muy a la ligera casi transparente… también era ése un detalle, pues si era fuerte era evidente tus ganas de verlo, y eso, no era bueno. Se trataba de insinuar y dejar adivinar a lo que sentías. Por que si lo descubría corría un calor por tus mejillas y decías “trágame tierra”.

Recuerdo esos “sms”… tardaban dependiendo la distancia unos días. Y hasta que regrese  el contesto otros dias, mientras soñabas con la llegada del cartero. Cuando llegaba  la carta la leías a puertas cerrada… primero a la ligera, después le dabas besos y la apretabas a tu pecho. Era toda una ceremonia, luego la leías lentamente, a ver sus borrones o reescritura de alguna palabra, hasta podías saber si le temblaba la mano … uno que otros dibujos ( era los emoticones). En fin, eran tiempos en el que el amor se armaba de paciencia.

Hoy en día, la tecnología nos da casi todo de forma automática y si estas enojado por una pequeñez, pulsas y se después de haberlo hecho te arrepientes, no hay vueltas atrás te agarras la cabeza  diciendo que tonto he sido, para luego inventar algo y salir de tu impulso. Y así como es rápido comunicarse los unos y los otros, también asi terminan los amores… destruyendo todo a su paso, separando familias, amigos … y lo peor matrimonios con hijos. Hablando esto, si de amor se trata.

By Calú Carz