¿Cómo no sentirme frustrada? ¿Cómo no pedir ayuda? ¿Cómo no exponerse ante mi problema… que, no es bélica, pero puedo curar un corazón de trece años?

Huí del riesgo de morir o desaparecer. Huí de una masacre empeñada en pisotear todos mis pequeños huertos. Hice un corte. Y del otro lado quedó mi corazón. Aunque sanada pero con cicatrices volví por él, y el egoísmo me volvió a golpear a costa de lágrimas tiernas. Ahora. Que ya no pueden con su tristeza y lágrimas, me llama el egoísmo para entregarme una  dulce vida, casi sin esperanzas de volverme a ver.  Y…, mis brazos aún están vacíos.

-¡Oh Mundo! dijo Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; tocad, y se os abrirá”.

-¿Porque no pedir si de mi depente acabar con esa tristeza de su alma, que no calla ni cesa, que mi tormento dejó a la deriva y en el que nunca dejé de sufrirle?

Las campanas suenan mas seguido, y con ellas se acrecienta mi incertidumbre. Mas el vil dinero no llega y la distancia parece infinita.

Me siento desangrar, me siento cansada… mi corazón y mi mente juegan con mis nervios que ya, no son de acero. Mas golpeo y golpeo las puertas y no consigo un alma que me tienda aunque mas no sea una mirada de compasión.

Él. Él es un tierno y dulce niño… que la vida me dio a pesar que llegó como un golpe de puño a mi dignidad. Aún así, lo amé con todas mis fuerzas… y hoy, hoy clama por mi.

Mas pido con el corazón en la mano poder ir  por él, por mi, pues juré hacerlo, como sea, como me salga… a costa de toda mi existencia. No quiero ni pensar. No, no quiero que por no hacer nada, vuele con alas de ángel; más aún cuando no le encuentre el sentido a su frágil  vida, por su inexperiencia y turbulenta edad, donde todo es contradicción y aprendizaje como tambien definición y corale por ése miedo es  que hoy me atrevo a contarles.

Calú Carz

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