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Se hizo la noche…esperando sonara el móvil que, como un trofeo miraba de vez en cuando. Dejé el parlante libre y permitirme escucharlo timbrar sin atenderlo, por si acaso me llamaba. Hubiera querido eso.  Me hice fuerte, de roble, todo el día para no ser yo quien quiebre el orgullo, inventando una excusa. Esas excusas que van vestidas de “no te creo”, que en mí son tan malas actrices y no venden lo que son, ni merecen tener ése nombre.

Me hice un café, lavé los platos… acomodé la alacena… hasta limpié la heladera, y, odio limpiar la heladera, pues se congelan las puntas de los dedos y duelen tanto. El reloj ahí, muy campante corría las agujas de las horas, minutos, segundos…hasta descubrí que el segundero hace vaivén en el número veinte. Mis suspiros frecuentes querían suplicaban por algo, un poco, de lógica. Eran minutos de exámen, mi exámen interior, lo peor de ese exàmen es que era de improviso. Pero fui fuerte.

Ya de noche, los autos hacían reflejos en los vidrios de la sala. Hacía frío, la niebla espesa ya cubría el caserío mas próximo. Me dispuse a darme una ducha. Puse mi agonía sobre el botiquín del baño. Fué entonces que desperté del sueño, un sueño que pocas llegamos a tenerlo y a razonarlo, que es lo más mágico, lógico y sano para una mujer, darse el valor que le correponde, somos las ultimas en la fila de las prioridades amorosas. Me dieron unas ganas de reír… y reí. Me reí de mi. Me reí pensando la escena desde fuera de mi, yo pensando en ti, ¿y tu? Tu seguramente ni me recuerdas, por que asi trabaja la mente de un hombre. Borra y vuelve a empezar sobre lo tibio. Nosotras no, o por lo manos la mayoría, mejor dicho las de mi especie… las románticas sin cura.

29-08-06-1

Entonces una fuerza interna de mi, actuó con desapego, libertad, reviviendo mi amor propio, un poco revolucionando. Apagué el móvil. Ya me había desvestido, caminé hasta el dormitorio sintiéndome despojada de ataduras, descalza; pude sentir el frío del piso, y mis cabellos en mis hombros relajándome la espalda. Abrí el cajón de la mesita de luz…y lo dejé ahí. Lo miré diciendo -No eres mas importante que yo, si no te importo ¿Porqué habría de hacerlo yo?- Y cerré con un golpe ese cajón, liberándome así de tu olvido e hipocresía.

Luego en la ducha, entre la lluvia…disimuladamente, caía una débil gota salada, perdiéndose entre las otras; que, diría el orgullo, es la oveja negra que atraviesa mis mejillas…

By Calú Carz

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