Es muy fácil decir :”me voy a vivir al exterior, no tengo trabajo” o “las cosas están difíciles aquí”. El hecho es que cuando se arma las valijas también  hacemos el baúl donde dejamos guardado lo mas importante, lo mas amado, los recuerdos, de donde venimos, culturas, la bandera y tantas otras cosas. Es en nuestra familia, los amigos donde priorizamos la opinión de quién nos quieren bien, no importa donde, y son los primeros en saber que es lo que pasa por nuestra mente antes de plasmar la certeza de una  realidad.

Mucha ilusión, orgullo por ser capaces al cambio, de dar rienda suelta a nuestros sueños es lo que nos mueve tan vigorosamente al destino “soñado”. Cada paso es un logro, es como aprender a caminar solos. Planeas casi todo, lo mínimo lo dejas al azahar pero no deja de ser importante, te apoyas en que vas dispuesto a sacrificarte para estar donde quieres estar. Es la “oleada de tu espíritu”, ” la cresta de la ola”, el niño, la niña o como quieras llamarle a esas ganar de cambiar tu suerte.

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Los problemas del mundo hacen que grupos de familia emigren a un futuro mejor, a una seguridad social, que  dé paz ante todo.

Cuando llegas te maravillas de todo, te ilusiona con vivir esas cosas que no son tuyas y que aunque la pensabas fácil comienzan a pulirse a su modo. Sientes que eres protagonista de tu historia y que debes hacer de tu papel lo mejor posible; por ti, por tus amigos y principalmente por tu familia.

En tierras extranjeras debes tener en cuenta que eres un visitante y por ende el respeto por aprender a conducirse  como lo hacen los anfitriones y mejor aún, para evitarse problemas mayores.

Lo demás es ponerle ganas a todo. Luego de unos meses extrañas, valoras el mínimo detalle que te hizo tu tierra, sueñas con volver. Pero cuando vuelves es como si ese calor, perfume, familia te impregna el alma de amor. Una pequeña confusión de orientación siente tu corazón, ya no eres de ahí, ni de aquí… quizás, ya eres del mundo.

 

By Calú Carz

 

 

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